“El agua te da mucho, pero también te quita mucho”: La historia de Raúl Romero, un marinero con 27 años de mar
Raúl Romero tiene 47 años y una vida hecha de marea, redes y sacrificio. Comenzó a trabajar como marinero a los 20, siguiendo los pasos de su hermano. Hoy, desde el puerto de Rawson, zarpa en el Espartano, un buque pesquero dedicado al langostino.
“Yo soy marinero desde hace 27 años. Mi día en el trabajo es como el de una planta de pescado, solo que estamos en el agua y usamos redes para levantar el langostino.”
Su jornada laboral no tiene horario fijo. La rutina depende completamente del mar: puede empezar a las 2 de la tarde o a las 5 de la mañana. Lo único seguro es que habrá cansancio, precisión y compañerismo.
Pero enseguida recuerda el precio que paga por ese paisaje.
“Lo más feo es dejar todo: la familia, los amigos, los cumpleaños. Hay cosas que te perdés y no recuperás (...). Cuando estás en tierra, tratás de disfrutar todo. Pero hay ausencias que duelen.”
Con 27 años de trayectoria en altamar, no solo conoce el oficio, también ha sido testigo de su transformación. Habla con preocupación sobre la pérdida de identidad y la precarización que afecta al sector pesquero.
“Marineros de oficio se están perdiendo, cada vez es menos la gente que sabe del oficio, hay muchos pibes que sacan la libreta y se van a navegar solo por la plata, pero no aprenden más que eso y el oficio de marinero a veces es necesario, más que nada cuando hay un accidente o pasa algún fallo con las redes, ahí se necesitan marineros de verdad que sepan tejer una red o trenzar un cable de acero.”
Raúl no evade lo político. Con mirada crítica, denuncia cómo el modelo actual afecta a los trabajadores del mar. La crisis, los cierres de empresas derivadas y la pérdida del oficio son parte de su preocupación diaria.
“Más allá de una parte de política o del gobierno que esté de turno, es más la parte empresarial que no le gusta perder, no le gusta perder ni un centavo, entonces cuando ellos ven que ya no le deja la ganancia que le estaba dejando o le deja un poquito menos, siempre cortan por el lado más simple, que es por el lado del marinero”
El trabajo, que antes era una salida estable, hoy se volvió una moneda de incertidumbre.
Después de 27 años embarcado, Raúl hace un balance de su vida laboral. Se le preguntó si volvería a elegir ser marinero, y su respuesta no es automática. Se toma un momento, piensa y contesta con sinceridad:
“Sabiendo cómo me fue, digamos sí, lo volvería a elegir, porque si no estudiaste es como un buen trabajo.”
Raúl no reniega del oficio. Reconoce lo que le dio y lo valora, pero también piensa en lo que no pudo hacer. Si pudiera volver atrás, lo haría distinto:
“Creo que si tuviera la posibilidad de estudiar, lo haría. Volvería a estudiar y terminar una carrera. Yo soy más de la parte mecánica. Me gustaría más algo que esté relacionado a la mecánica, algún oficio así.”
En sus palabras no hay arrepentimiento, pero sí una reflexión madura sobre el camino recorrido y lo que el trabajo en el mar implica. Antes de despedirse, deja una frase que, para él, resume todo:
“A veces el agua te da un montón, pero te quita un montón también.”


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